Tres tribus en alta montaña. Solo se puede llegar a caballo o a pie recorriendo sendas minúsculas cubiertas de vegetación e insectos. Una caravana de burros cargados con madera bajaban a toda velocidad; si no nos hubiéramos apartado nos habrían arrollado. Por la noche dormimos en una cabaña abandonada. Merecía la pena el esfuerzo pero, cuando contemple niños jugando felices, me dio vergüenza llevarles una escuela. Volver fue difícil porque llovía y cuando llueve ya no se puede atravesar el río.
Imaginen recorrer un túnel entre vegetación, debajo de los arboles. Subitamente el camino desaparece ¿que hacer? Bajamos del jeep y comenzamos a romper ramas.
En los desiertos sucede lo contrario: hay trazas de cientos de ruedas ¿cual seguir?. Subitamente la arena se reblandece, las ruedas se hunden y… hay trabajo para horas o dias. Algunos dejan el coche alli.
Los puentes hechos de madera crujen. ¿Tomaremos un baño gratuito dentro del jeep?
Pero hay paises que reglamentan la circulación y preservan los caminos: cuando llueve no se puede rodar.
Igual encontrabamos un bautizo tuareg como un autobús averiado o un hombre tranquilamente andando en aquella inmensidad. Y por la noche los escorpiones nos acompañaban.
Estas fotos se expresan por si mismas. Donde y como sucedieron no es importante; siendo sinceros, no lo recuerdo bien. Solo puedo decir que, en estos viajes, a veces uno queda con la boca abierta, perplejo delante de un animalito o de una puesta de sol que quisiera llevarse a casa. La vaquita no se inmuto cuando le acaricié la nariz. Creo que todas aprobaban, incluido el pastor.